El hermoso teatro Cervantes se entrega a la tarea de Armando Discépolo. Cremona es una obra que narra la vida de un conventillo de principios de siglo XX, las nacionalidades migrantes son los colores de dicho espacio y todo está cruzado por una indagación ética. Cremona es un viejo tano, que se ha hecho un lugar en Buenos Aires, marinero italiano en algún momento de su vida y sobre todo ha sido un hombre en la búsqueda del bien. ¿Qué es la bondad? Mientras lo roban, lo estafan, o meramente le piden dinero prestado, Cremona predica, pide por la capacidad de sentir lástima. Le parece que es la emoción básica de donde emerge lo bueno. La palabra lástima es difícil a nuestros oidos,quizá preferimos, piedad, o mejor aún, compasión, pero lástima suena a una afrenta al ego- y es eso lo que pide Cremona. El ego de Cremona es tan sólido como el agua que pasa entre los dedos, por eso promueve que tengas poco, pues tener mucho hace al ego pesado y grande. El sufrimiento es lo que Cremona busca evitar, para él y para todos a su alrededor, sin embargo, todos sufren y bastante, la pobreza económica y espiritual de todos los personajes se asoma escena tras escena: envidia, ira, desprecio, desconfianza. De Cremona sospechan todos porque es feliz, y eso, es causa de sospecha; y de cualquier extranjero sospechan los argentinos, pues es causa de sospecha también; y de las mujeres sospechan los hombres, pues también son causa de sospecha.
Así Cremona sólo ve una solución para generar la lástima que tanto predica, sólo encuentra una manera de transformar la mirada de los demás, transformar la mirada de desconfianza a una mirada en comunión con el otro, una mirada con deseos de ayudar al otro. Cremona se quita la vida en el agora, en el espacio público del conventillo; se inmola y así conmueve a todos y en todos siembra la sensación de que podría haber hecho más por él.
Cremona - dirección Helena Tritek - Teatro Cervantes - Buenos Aires - estreno
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