miércoles, 3 de septiembre de 2008

Tercer Cuerpo

Entramos a una escena amorosa extraña, que nos recuerda la idea de Platón de que uno es amante y el otro amado. "Yo quiero vivir para vos, cuidarte, y tenerte para siempre, para vos" y él dice, con sorna, "yo no." Ahí empieza el asunto. Asistimos a un desfile de lentos desvelamientos, velo a velo, se van mostrando los verdaderos personajes, los cuales, quizá nunca conoceremos del todo. La miseria ronda pero no la vemos todavía. Moni no sale del despacho y tanto Hector como Sofía empiezan a sufrir su encimarse desesperado sobre los problemas ajenos. Sofía sigue yendo a la clínica de fertilidad, pero sin su marido ni la reciben. Hector vela a su madre que ha muerto inesperadamente. Moni sobre ordena la oficina causando furia. Sofía va a la clínica de fertilidad una vez más sin su marido y confiesa que no tiene marido, pide que la embarazen, la doctora se niega. Hector sale a un bar y le confiesa a alguien que tiene 50 años y que nunca ha ida de fiesta, que recién se murió su madre, ¿quieres venir a casa? Moni vive en la oficina, perdió la casa, y se ha estado quedando en la oficina, la cual es más que un espacio de trabajo, los tres se van lentamente confesando sus miserias y no tienen más que necesidad de compañía. El humor juega un papel determinante en esta puesta pues si no fuera por la mancuerna de la miseria y la risa, se haría insoportable, como la vida. 
El sin sentido es la sal de esta obra, que se adereza con salsa de drama trágico, pues al final la pareja que hemos visto desgastarse tan desesperadamente, se hila con el trío oficinista. Hector enamoró al hombre joven y harto de su pareja amante: Manuel. Se aparece en la oficina y espera a Hector para confrontarlo, pues le huye, pero la mujer aparece también: Sandra. Todos los personajes quedan expuestos en su debilidad, y nosotros nos reímos de ellos, podría ser humillante pero no lo es, podría ser cruel pero no lo es. 

Tercer Cuerpo - Dirigido y escrito Claudio Tolcachir - Teatro timbre 4 - BsAs - septiembre 

Trompo Metálico

Esta obra nos sumerge sin remedio en un mundo familiar, íntimo y profundamente violento. La educación de Catalina (Victoria Almeida) es la trama que teje y esconde el verdadero caudal que avanza sin pausa por dentro de su padre(Roberto Romano), madre (Greta Berghese) y la misma Catalina. Poder hablar en el idioma del autor que se esta leyendo es una obviedad, así sea ruso, tener a la mano una definición, avalada por centro de estudio reconocidos, de cualquier palabra del vocabulario también resulta una obviedad. Este tipo de obviedades se imponen con el duro tono de voz del padre, y la estúpida risa de la madre, la cual no puede sino despreciar a su hija. No hay cabida para el orgullo, pues de esa niña nadie podría sentirse orgulloso, una floja y lenta ladrona. Eso opina el padre y la madre. Pero nos da risa pues nos presentan esto con farsa, con un tono alto en gestos y en maneras. Nos reímos de la absurda crueldad.
Catalina nos evoca ternura sin fin y un profundo deseo de jugar, es una niña, nada más, y esto contrasta con ese ríspido ambiente adulto que la estrangula. Aún cuando juegan basta, poniendo en lista palabras que empiezan con la misma letra con categorías como: compositor barroco, anarquista italiano o Emperador, aún en ese caso siguen con un rigorismo violento e incomprensible. Aún cuando se disponen a bailar, y uno piensa "pues de menos bailan, le dan espacio al cuerpo en esta horrible familia" justo ahí, la mano del padre toma el culo de su hija y la bella música se torna como el rostro de la hija, lívida, desconfigurante, rota, cruel. Ahora una orden suena mil veces peor, y mil veces más la segunda orden, y mil más la que le sigue. El mundo se torna oscuro. Y Catalina, para nuestro beneficio, tras un sórdido llanto, escapa.

Trompo Metálico- dirigido y escrito Heidi Steinhardt - Teatro del Pueblo - BsAs - sábado de agosto