Esta obra nos sumerge sin remedio en un mundo familiar, íntimo y profundamente violento. La educación de Catalina (Victoria Almeida) es la trama que teje y esconde el verdadero caudal que avanza sin pausa por dentro de su padre(Roberto Romano), madre (Greta Berghese) y la misma Catalina. Poder hablar en el idioma del autor que se esta leyendo es una obviedad, así sea ruso, tener a la mano una definición, avalada por centro de estudio reconocidos, de cualquier palabra del vocabulario también resulta una obviedad. Este tipo de obviedades se imponen con el duro tono de voz del padre, y la estúpida risa de la madre, la cual no puede sino despreciar a su hija. No hay cabida para el orgullo, pues de esa niña nadie podría sentirse orgulloso, una floja y lenta ladrona. Eso opina el padre y la madre. Pero nos da risa pues nos presentan esto con farsa, con un tono alto en gestos y en maneras. Nos reímos de la absurda crueldad.
Catalina nos evoca ternura sin fin y un profundo deseo de jugar, es una niña, nada más, y esto contrasta con ese ríspido ambiente adulto que la estrangula. Aún cuando juegan basta, poniendo en lista palabras que empiezan con la misma letra con categorías como: compositor barroco, anarquista italiano o Emperador, aún en ese caso siguen con un rigorismo violento e incomprensible. Aún cuando se disponen a bailar, y uno piensa "pues de menos bailan, le dan espacio al cuerpo en esta horrible familia" justo ahí, la mano del padre toma el culo de su hija y la bella música se torna como el rostro de la hija, lívida, desconfigurante, rota, cruel. Ahora una orden suena mil veces peor, y mil veces más la segunda orden, y mil más la que le sigue. El mundo se torna oscuro. Y Catalina, para nuestro beneficio, tras un sórdido llanto, escapa.
Trompo Metálico- dirigido y escrito Heidi Steinhardt - Teatro del Pueblo - BsAs - sábado de agosto
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